Leer los relatos cronológicamente. Las fotos son propiedad de Gabriel, salvo mención expresa. El autor de estos relatos ha viajado para conocer los ferrocarriles por Argentina, Uruguay, Estados Unidos, Brasil, México, etc. Sitio sin fines de lucro.

miércoles, 23 de septiembre de 2020

Viaje a Centroámerica II

 Continuación

Panamá, Costa Rica, Nicaragua, Honduras, El Salvador, Guatemala, México

Miércoles 22: Tomo colectivo a Golfito, el puerto de salida. En un plano tengo señalada una “antigua locomotora”. Salimos a las 15.36 locales, va pasando el tiempo, está nublado y hay cerros en medio tapando el Sol. Ya en Golfito, por falta de mayores referencias visuales paso de largo de donde posa la antigua locomotora, el chofer dice que dará la vuelta, pero nos para el tránsito en la zona portuaria y la gente que sube a cada momento. Regresando, el chofer señala fugazmente unas instalaciones de aspecto ferroviario (galpones), pero me deja un buen trecho después, diciendo que es ahí. 
Son las 17.24. Ahí está la vaporera de monumento, FC del Sur pintado en el ténder. Está casi de noche pero foteo bien. Retrocedo a ver los galpones, todo un trecho por la costanera. Sí, hay una vaporera o más, bajo techo, una “estación” más allá, pero ya no sale nada en la cámara porque es noche cerrada y ahí no hay fuentes de luz. No queda más que volver a Neily.
Jueves 23: Luego de un largo viaje con transbordo, a las 13.30 llego a Quepos, en la costa, donde funcionaba otro ferrocarril de trazado irregular. Por el camino  cruzamos el Río Grande de Térraba y entramos en Palmar Norte, dejando atrás el pequeño Palmar Sur con el ex FC del Sur al sur de él (según mapa 1970). 
Una vez instalado, salgo a explorar. El aterraplenamiento que separa a la costanera del mar tiene un sospechoso aspecto ferroviario, y resulta que descubro un riel o segmento del mismo sobresaliendo verticalmente, y otro clavado como poste. Más adelante hay un galpón que me recuerda a los otros, bananeros, ya vistos, en camino hacia el muelle. La punta de riel, Portalón, creo que ni la encontré en internet, salvo alguna vaga referencia.
Viernes 24: Tomo un micro de madrugada con destino a San José, la capital. Acercándonos, veo una trocha angosta serpenteando por cornisas al estilo de la de Punilla.
Por las ocho salgo del hospedaje, planos en mano, derechito a la estación del Ferrocarril Eléctrico al Pacífico. Se oye bocina como de locomotora. Llego al cruce, miro a la derecha y a una cuadra ¡veo la estación! 

San José (Costa Rica) - Ferrocarril al Pacífico - 24 de diciembre de 2010
San José (Costa Rica) - Ferrocarril al Pacífico - 24 de diciembre de 2010
San José (Costa Rica) - Ferrocarril al Pacífico - 24 de diciembre de 2010

Foteo una vieja locomotora eléctrica desde el portón y entro. El guardia me hace señas de que no, hago seña de si debo dar la vuelta e ingresar por la entrada. “¿Qué necesita?”, me pregunta, y voy hacia él. Me dice que no se puede fotear adentro; dan permiso pero no hay nadie hasta enero; están llegando los últimos trenes del año y hasta el 3 de enero no salen más, y lo mismo el tren turístico a Puntarenas.
¡Viene un tren! Troto hacia el portón, es una locomotora tipo General Electric U12C, con coches; la retrato. ¡Enseguida aparece un coche motor Apolo! Lo foteo en el cruce, luego al interior de la estación desde las rejas. El guardia me hace seña de entrar: puedo fotear, rapidito.
Sólo andan mañana y tarde. La estación es anodina, tipo argentina de 1950, de trocha métrica. Foteo vagones, de aluminio parecen algunos, muy básicos y viejos, desconocidos. El guardia me avisa que llega otro tren desde el otro lado, el último del año, y lo mismo ocurre en el ramal a Heredia (incluso hay uno por día que une este ramal con el de Heredia); justo estaba copiando las estaciones del horario (que resultan no ser todas). 
Voy por la vía, hay mercado a ambos lados. Viene otro Apolo, lo foteo yéndose entre los puestos de la feria, luego descuidadamente borro la foto al intentar reducirle el tamaño. 
Llego a la Plaza González Víquez, un apeadero con asientos y techito en la plaza homónima. Paso por el apeadero Museo Nacional, pero no me entero porque no hay nada que lo identifique (ni un mínimo andén), lo deduzco después. 
Luego de dar vueltas, siguiendo terraplenes, llego al fin a la Estación del Atlántico. Está cerrada, teniendo una vaporera de un Northern Railway en la vereda, pero ningún material rodante adentro, que ha sido ido a guardar a la del Pacífico.

San José (Costa Rica) - Ferrocarril al Pacífico - 24 de diciembre de 2010
San José (Costa Rica) - Ferrocarril al Pacífico - 24 de diciembre de 2010
San José (Costa Rica) - Ferrocarril al Pacífico - 24 de diciembre de 2010
San José (Costa Rica) - Ferrocarril al Pacífico - 24 de diciembre de 2010
San José (Costa Rica) - Ferrocarril al Pacífico - 24 de diciembre de 2010
San José (Costa Rica) - Ferrocarril al Pacífico - 24 de diciembre de 2010
San José (Costa Rica) - Ferrocarril al Pacífico - 24 de diciembre de 2010
San José (Costa Rica) - Ferrocarril al Pacífico - 24 de diciembre de 2010
San José (Costa Rica) - Ferrocarril al Pacífico - 24 de diciembre de 2010
Luego de otros recorridos, por las tres de la tarde bajo del colectivo en San Pedro (como decir Vicente López), donde encuentro los apeaderos UCR (Universidad de Costa Rica, ¿o qué pensaron?) y Universidad Latina, donde culmina el servicio.
De regreso en el centro de San José ya parece tarde para ir a buscar la Parada de la Contraloría en el otro lado de la ciudad, no hay colectivos directos allí, está nublado, se hará tarde (a las seis está de noche) y quiero buscar souvenires. 
Sábado 25: Tomo un colectivo que va a Heredia, creyendo que terminaba ahí, pero no, y me paso de largo a la siguiente meta, Alajuela, capital de la provincia homónima. La estación fue demolida y no quedan trazas ferroviarias, salvo el comercial La Estación. De ahí tomo un colectivo a Atenas; la estación Atenas, como ya sabía, no está ahí sino en Río Grande (y parece que más allá de esa localidad), convertida en museo ferroviario. Pero a causa del feriado hay pocos colectivos, y luego de recorrer Atenas ya no hago a tiempo para ir.
Domingo 26: Viajo a Puntarenas, capital provincial. Veo la vía por el camino, pero desaparece en varios tramos, sobre todo en los cruces, donde la tapa el asfalto. El terreno de la estación está ocupado por el Parque Marino; hay dos vagones cerrados en el predio, y asumo que cierto edificio es la estación, por lo que no pregunto para confirmar, y ahora tengo la duda.
El clima es radicalmente diferente al fresquete lloviznoso de San José; me meto al mar, luego sufro la solazón. Regresando a San José, bajo por el camino para ir a Heredia, donde llego en otro colectivo cerca de cinco menos diez. Es capital de la provincia homónima. Pregunto por la estación, llego a la vía y la sigo, yendo junto a las casas casi. El edificio es chico, está enrejado, lo foteo bien. Ya no queda más que hacer que volver a San José. 
Heredia (Costa Rica) - Ferrocarril al Pacífico - 26 de diciembre de 2010
Heredia (Costa Rica) - Ferrocarril al Pacífico - 26 de diciembre de 2010
Continuará
Gabriel Ferreyra
El "Ferroviador" Azul

lunes, 21 de septiembre de 2020

Viaje a Centroámerica I

Panamá, Costa Rica, Nicaragua, Honduras, El Salvador, Guatemala, México

Sábado 18 de diciembre de 2010: A la madrugada parto en un vuelo a la ciudad de Panamá. Averigüé en internet que los servicios ferroviarios de pasajeros fueron establecidos en 2001 (al regreso del viaje, una más minuciosa pesquisa me reveló que ya desde el inicio tuvo pasajeros, pero la empresa actual, privada, es reciente, sucesora del depauperado sistema estatal que reemplazó a la administración yanki), corriendo de lunes a viernes.
Domingo 19: Desde la loma donde se asienta la masiva Administración del Canal, en la localidad de Balboa (conurbanada con Panamá) diviso vías y vagones portacontenedores, portando contenedores, formando trenes...
Lunes 20: Me allego a la estación (7.00 hs de Panamá), ubicada en la localidad de Corozal, al norte de Balboa. Por el camino ya vi locomotoras y trenes de carga. Ahí está el tren de pasajeros estacionado ante el andén. Sale a la mañana y vuelve a la tarde, llevando más que nada turistas a la Zona Libre de Colón para dar vía libre al consumismo.
En el interior de la estación venden remeras con motivos del ferrocarril y turísticos, u$s12, y me compro una. El boleto está a u$s22 (sólo ida); en micro sale u$s2,50, pero no es la cuestión. Paso al andén y paseo la vista por los coches; uno tiene mesas, con un solo ocupante, debe ser para empleados. La guardesa o azafata me indica que sólo se puede ocupar el coche siguiente, y a la flauta, es de lujo, panorámico, tapizado, con cafetería en desnivel. 
7.15 bocinea y sale.
7.43 pasa Gamboa, sin estación. Vamos por la selva, luego junto al Canal, después cruzando el Lago Gatún. 
Cuando estamos por llegar voy a ver adelante qué hay, ya que hay gente que va y viene de ahí: asomaderos, y un coche de menor cualidad (no panorámico), quizás igual al de atrás, pues tiene mesas, e igualmente hay un solo ocupante. 
8.21 Colón, en la costa caribeña. Al pasar por la cafetería regalan una “cajita feliz”, que bien podrían haber dado al principio. 
Corozal (Panamá) - 20 de diciembre de 2010
Salgo para fotear el tren con sol, pero hay alambrada y vegetación; foteo más o menos. Después, a pesar de los consejos en contra leídos en internet, me interno en la ciudad, llegando hasta la costa, donde posa de monumento una locomotorita portuaria. Tomo un taxi a la terminal.
Llegado a la terminal de Albrook en Panamá, saco pasaje para la noche, me pruebo la remera temática ferroviaria en el baño y tomo un taxi a la estación para cambiarla por un talle mayor, pero está cerrada. El tren llegará de regreso 18.10, no sé si estará abierta a esa hora la parte comercial, pero igualmente es de noche a esa hora y no da ganas de andar por ahí.
Me siento a tomar una colación y luego sigo junto a la alambrada para ver de fotear. Justo se mueven las locomotoras, y regreso. Pasa un carga con 50 vagones portacontenedores. La trocha es media. Del otro lado foteo locomotoras estacionadas y un coche, mientras está nublado; al rato se solea.
Panamá - 20 de diciembre de 2010
Panamá - 20 de diciembre de 2010
Martes 21: Por las 7.05 llegamos a David, capital de la provincia de Chiriquí, la cual linda con Costa Rica. En la terminal hay un hotel “económico” (u$s 20), y ya instalado pregunto por la estación del Ferrocarril Nacional de Chiriquí. La encuentro convertida en biblioteca, con dos rieles alzándose desde el suelo del lado de la vereda. 
Luego de una pasada por el hotel agarro un minibús que justo viene saliendo. Pasa por La Concepción, cuyo edificio comunal tiene un aspecto sospechoso, luego por Paso Canoas (localidad compartida con Costa Rica), Progreso (mirando a un lado y otro por si veo la estación, y de pronto pasan viejos coches arrumbados junto a la calle-ruta) y algún terraplén o simple zona de vía, total o parcialmente sin rieles, ya entrando a Puerto Armuelles, punta de riel del ramal principal.
Corozal (Panamá) - 20 de diciembre de 2010
Colón (Panamá) - 20 de diciembre de 2010
Llegados, retrocedo a la zona de vía más cercana, por ahí a la vuelta, llego a la vista de galpones bananeros abandonados, que por el color parecen el Belgrano, y preguntando me informan que la estación se quemó y en su lugar pusieron un supermercado o restaurante, y que venía “el motor” (será coche motor). La trocha es métrica. 
Luego de un poco metido en el Océano Pacífico tomo minibús a Progreso. Hay allí tres coches, uno parece coche motor, otro remolcado y uno chiquito que no sé. No hay estación, sólo un galpón apartado.
Visito después Paso Canoas de los dos lados, y volviendo hacia David, al pasar por la Junta Comunal de La Concepción, la de aspecto sospechoso, ¡le veo la vía! Bajo, por supuesto; en el lado de atrás, alambrado, hay dos coches que pasaron a mejor vida hace tiempo.
Ya no creo tener tiempo para ir a Boquete, de modo que me quedo en David; regreso a la estación, a la que le da sol en mejor ángulo, y la foteo otra vez.
Colón (Panamá) - 20 de diciembre de 2010
Corozal (Panamá) - 20 de diciembre de 2010
Corozal (Panamá) - 20 de diciembre de 2010
Corozal (Panamá) - 20 de diciembre de 2010
Panamá Canal Railway Company - 20 de diciembre de 2010
Boquete (Panamá) - La estación, ahora Municipalidad - 22 de diciembre de 2010
Miércoles 22: A las 8.33 el viejo colectivo me deja en Boquete, al norte de David, punta de riel del ramal. Parece Córdoba y está fresco, lo cual no esperaba en este país. La estación sobrevive porque funciona de Municipalidad.
Regresado a David, junto el equipaje y parto a Costa Rica, quedándome en Ciudad Neily, relativamente cerca de la frontera, en la provincia de Puntarenas. Ya instalado, pregunto por las vías del bananero FC del Sur. Me dicen que pasaba por atrás del pueblo, y que no queda ni un riel; no era de pasajeros, no tenía estación. Dado que mi plan viático es extenso, estoy siempre preocupado por el tiempo, y además quiero ir a la punta de riel antes de que termine el día; por eso no organizo mejor las ideas: cruzando la ruta está la localidad de Corredores, la cual figura en mi mapa de 1970 (Ciudad Neily no), recibiendo una de las puntas de riel (en otro plano veo que la zona estaba llena de pequeños “ramales”, sin duda las fincas donde se juntaba la banana, para ser llevada al puerto), pero no voy a investigar eso, sino que regreso a la terminal luego de fotear el río Corredores desde el puente de la ruta
Continuará
Gabriel Ferreyra
El "Ferroviador" Azul

jueves, 17 de septiembre de 2020

3) Fotos EE.UU.

California II

Metrolink - San Bernardino Station - 30/11/2013
Metrolink - San Bernardino Station - 30/11/2013
Metrolink - San Bernardino Station - 30/11/2013
Metrolink - San Bernardino Station - 30/11/2013
Metrolink - San Bernardino Station - 30/11/2013
Metrolink - San Bernardino Station - 30/11/2013
Metrolink - San Bernardino Station - 30/11/2013
Metrolink - San Bernardino Station - 30/11/2013
BNSF - San Bernardino Station - 30/11/2013
BNSF - San Bernardino Station - 30/11/2013
Metrolink - San Bernardino Station - 30/11/2013
Metrolink - San Bernardino Station - 30/11/2013
Metrolink - San Bernardino Station - 30/11/2013
San Bernardino Station - 30/11/2013
San Bernardino Station - 30/11/2013
San Bernardino Station - 30/11/2013

La Intensificación

El 28 de diciembre de 1990 nos largaron temprano del trabajo. ¿En qué podría aprovecharlo? ¡Oh! Se me prendió la lamparita.
Llegué a casa, preparé el equipaje y me fui a Constitución. La cola seguía larga, llegaba la hora de salida (las 22:00) y al fin dejaron de vender pasajes. En el acceso al andén le expliqué la situación al guarda. “¿Adónde va?” Se lo dije. “Vía Ranchos”, me previno. Y total, qué importaba por cuál vía fuera, si era el único que iba a salir.
¡Vía Ranchos, qué aventura! Un viaje nuevo y por un ramal inactivo. ¿Qué más se podía pedir?
El tren estaba relleno. Quedé a la entrada del salón del coche. Al fin partió. Estábamos a oscuras, como a mí me gustaba. Otros pasajeros parados, encendedor en mano, trataban de manipular el tablero eléctrico para encender la luz, y yo rogaba que no lo consiguieran. Mientras, el tren, en vez de agarrar la curva de Turdera, siguió vía Glew. Al pasar por Brandsen vi luces de locomotora en el ramal a Ringuelet, esperando que pasáramos. Cuando quedó parado en Jeppener, un pasajero empezó a abrirse paso.
-¡Permiso! ¡Permiso! ¿Esto es San Miguel del Monte?
-No –le dije–. Jeppener.
-Me parece que no pasa por Monte –dijo otro.
-¡¿Cómo que no pasa por Monte?!
-Bah, no sé. Creo que sí.
Yo no abrí más la boca. El tren siguió, pasamos por Altamirano (en 1913 se llamaba Facio, y Coronel Brandsen, Ferrari), agarramos el ramal, Alegre, Ranchos, Villanueva, Río Salado (ex Bonnement), General Belgrano. Más allá, ERA DESCONOCIDO.
Conseguí llegar a la puerta trasera, para mirar el viaje por el ventanuco. Por desgracia no podría ver los carteles de las estaciones, ni la luz del reloj era suficiente para mostrarme la hora y anotarla. Pasamos por Chas y tomamos el ramal. Vi el paso de Newton y Rosas, y llegamos a Las Flores, para seguir ahora sí la vía principal.
No tenía boleto, y bajé a sacar. No estaba el boletero. Apareció el guarda y golpeó la madera, llamándolo. Saqué en clase turista, por supuesto, y al salir al andén el guarda dijo “¿Ya está?” y dio señal de partida. Me apuré a subir al primer coche que tenía delante, un primera, y no pude pasar al turista por toda la gente tirada en el piso en la zona del baño. Me quedé parado en el salón, uno más de tantos. No habría problema hasta Olavarría, en que cambiaban los guardas.
En Azul se bajaron los dos que estaban sentados delante mío. Me colé al asiento de ventanilla. Al llegar a Olavarría bajé y pasé al turista, al acceso, a mirar por el ventanuco, pues el ramal que tomaríamos ahora, para mí, ERA DESCONOCIDO.
No podía ver las estaciones porque pasaban oscuras, y el tren no paraba hasta Laprida. Pero fue clareando y amaneciendo. Vi Paragüil, Krabbé y Reserva. Paró en Coronel Pringles. Vi el puente del Mitre. Pasaron Stegmann y Peralta. Paramos en Sierra de la Ventana, con sus hermosos paisajes, y en Saldungaray (ex Cuatro Picos), Estomba y Cabildo. Vi pasar Cochrane, Corti, Calderón, no el Empalme Grünbein, sí Grünbein y Spurr, y una locomotora desconocida. El paisaje se veía más patagónico que pampeano. Al fin arribamos a Bahía Blanca, una especie de meta para mí, como decir, en mayor escala, Bariloche. Había estado una vez antes, cuando tenía tres o cuatro años, y recuerdo todavía estar en el coche comedor en el regreso a Constitución, para el desayuno.
Salí a recorrer, a encontrar el centro por mi cuenta. Compré un plano de la ciudad y durante el día mis logros ferroviarios fueron la visita a la estación Bahía Blanca Noroeste, del ex Ferro-Carril Bahía Blanca y Noroeste (que quebró y pasó al FC Buenos Aires al Pacífico –nacionalizado como San Martín– y después al FC del Sud –luego FC Roca–; tras la nacionalización, algunas secciones fueron transferidas al Sarmiento), estilo “casilla de chapa” y sin carteles, y una vista de la estación Loma Paraguaya, hecha vivienda, del mismo ex ferrocarril en su ramal a Ingeniero White, donde su estación cabecera se llamaba Garro.
A la noche tomé el tren de regreso a Constitución. Luego de Las Flores fui a la puerta del coche, para asomarme bien y ver las estaciones por si agarraba de nuevo el ramal a Chas. Pero no, siguió por vía normal.
Como un tonto pospuse viajar en los trenes al Mercado Central. Tenía uno desde la estación Buenos Aires, que luego de Tapiales se desviaba pasando junto a Agustín de Elía y se metía en el Mercado. Y otro del ramal Haedo-Temperley, que se desviaba luego de Elía. ¡Y más aún! ¡Ese recorrido se extendió, partiendo de Caseros, por el viejo enlace Caseros-Haedo! Pero por dejar las cosas para un futuro impreciso, se me fueron.
El 31 de diciembre fui a Sáenz (ya no más a Buenos Aires) a tomar el tren a Castello, de donde me metí al Mercado Central ya no recuerdo por dónde, a través de una alambrada, y conocí los andenes de ambas trochas. Después anduve rondando por Aldo Bonzi y Tapiales, donde tomé el tren a Sáenz.
Por ese entonces no teníamos fecha fija de cobro de sueldo, y tenía que esperar a haber cobrado diciembre antes de pensar en irme de viaje.
Por esto recién el 14 de enero de 1991 fue que acudí a la tarde a Retiro, a tomar el Horrible de larga distancia, por suerte con boleto de cartón y consiguiendo asiento.
Por las diez y media de la noche llegué a Pergamino, pernoctando en el hotel Fachinat, frente a la estación, medio careli. A la mañana recorrí la ciudad, el arroyo Pergamino y llegué al querido Belgrano (CGBA), con su típica arquitectura. Anduve averiguando si se podía tomar algún tren de carga, no fuera de la provincia ni a algún sitio de donde fuera problemático volver. A la tarde se fue uno a Tambo Nuevo, y quedó otro con destino a Buenos Aires que saldría después, y que llegaría luego de viajar toda la noche, cosa que no me hacía ninguna gracia. En algún momento del día había vislumbrado en playa a una Cooper con el esquema blanquiazul, con la que me quedó fijación como el epítome de la hermosura ferroviaria.
Permanecí en la estación y las horas pasaron. Entrada la noche se fue el tren, estando yo acostado en un banco de la sala de espera. Cuando se hicieron como las cinco de la mañana fui a tomar el Horrible del Mitre, que regresaría de territorio santafesino. Nuevamente a caminar el andén en espera del tren, hasta que se vio su luz a lo lejos y se oyó el ¡puuuuuu!
Vi pasar la estación Fontezuela, donde no tenía parada. Bajé en Capitán Sarmiento, en mi sistemática recorrida de cabeceras de partido. No había nada peculiar allí, y pasé la mañana intentando recuperar el sueño perdido en el terraplén de la ruta, lográndolo tal vez por quince minutos. Se me hizo tarde para comprar de comer, debiendo recurrir a algo de chocolate. Por la tarde estuve entreteniéndome en caminar por la vía hasta el campo abierto, y en el crepúsculo me senté en el andén a comer bananas y esperar el tren.
Arrecifes fue el siguiente punto, donde al otro día pasé un buen rato en el arroyo. Las largas horas nocturnas hasta el regreso del Horrible las cumplí en una garita de micros. Ya en la estación, pregunté si el tren venía a horario; sí, y entonces saqué boleto a Areco, pues tendría una hora hasta la salida del tren local. Di una rápida vuelta por el hermoso San Antonio de Areco, hasta el río. La vez anterior había visto un boleto verde en la boletera, y ahora pregunté por él; lo más parecido que quedaba era uno blanco con franja verde desvaída, o verde viejo tal vez, a El Talar. Lo compré y bajé en tal estación; tardó el tren lo suficiente como para sacar boleto y resubir, pero no lo había previsto, y se me fue. Entonces caminé a General Pacheco, para la combinación Ballester-General Urquiza y tomar el 127 a casa.
Más aumentos de tarifas, cumplidos o en puerta. Mejor apurarse a los lugares lejanos.
El 20 de enero fui a tomar el tren de las 22:00 en Constitución. Otra vez parado. Recién en Olavarría se desocupó lo bastante como para sentarme en el acceso, donde dormité sentado un ratito. Llegados a Bahía Blanca a la mañana, bajé para ir al baño. Por suerte engancharon otro coche y pude ir sentado, mientras leía La libertad es un tren, de Germán Sopeña. O puede ser que me equivoque y eso fue en una ocasión posterior, y en la presente seguí parado en el acceso, mirando a ambos lados para no perderme las estaciones. ¡Un nuevo recorrido!
Retrocedimos, pasando de nuevo por Spurr, y tomamos el ramal. Aguará, Ombucta, Teniente Origone, Mayor Buratovich, Hilario Ascasubi, Pedro Luro, el inmenso río Colorado con su escasa agua e islas de arena, Juan A. Pradere, Igarzábal, Villalonga, Emilio Lamarca, Stroeder, José B. Casás, Cardenal Cagliero ¡y Carmen de Patagones!, por las siete de la tarde; un destino casi mítico.
Conseguido un hospedaje (el Hotel Bynnon), salí a recorrer. He allí el río Negro, con su urbanización en la otra orilla. “Ahí enfrente es Viedma”, me dije. Claro. “Viedma es la capital de Río Negro”. Claro. “Ahí enfrente es otra provincia”. Ahí me dio un patatús. ¡Otra provincia!
Al día siguiente recorrí Patagones. El plan era no pasar a otra provincia antes de terminar la de Buenos Aires, pero... No podía desaprovecharse una oportunidad así. Digamos, hacer un salida “no oficial” de Buenos Aires.
Al otro día fui a la estación y agarré la vía, directo al sur. Agarré el desvío al Cerro de la Caballada hasta su fin, retrocedí y continué. El puente vial-ferroviario sobre el río Negro, y la entrada en la Provincia de Río Negro, por Viedma. Seguí los rieles. A la izquierda, allá abajo, una múltiple vía llegaba a la costa, mientras yo iba por terraplén. Tuve que bajar, cruzar una calle y resubir, pues caminar sobre durmientes desnudos siempre me dio vértigo. Y llegué a la estación Viedma, apartada de lo urbano. Extraños colores y diseños de pintura. Horarios en el pizarrón, según “hora de Río Negro”. Época del ferrocarril estatal, que se podía andar libremente por la estación. Aproveché para ir al baño.
Pasé la jornada en Viedma, en el río, lo mismo que la víspera en Patagones, y volví en colectivo. A la siguiente era el regreso del tren desde Bariloche, por las 15:30, así que sólo pasé el tiempo restante sentado en la costa antes de ir a la estación.
Comodidades agotadas. Saqué a Bahía Blanca, por alguna razón olvidada o porque sólo vendían hasta allí. ¿Conocen la canción “Y nos dieron las diez y las once, las doce, la una, las dos y las tres...”? Bueno; dieron las tres, las cuatro y las cinco, las seis y las siete. Yo recorría de una punta a otra el andén principal, una y otra vez, y después el secundario. “A las siete viene el tren”. “Viene a las ocho”. “A las nueve viene”. Vino creo que a las 22:11. Escuché que había estado parado como seis horas en Cortizo, dato sin significado para mí (es un empalme por San Antonio Oeste).
Ilusionadamente, me puse a buscar asiento. Encontré uno desocupado y me senté. “Está ocupado. Está ocupado”. Finalmente terminé acostado en un acceso, lo mismo que otros. Pasó el guarda y le tendí el boleto, y al retender la mano para recuperarlo, me dijo: “Si es a Bahía Blanca se lo retengo”. No me sentí con ánimo para reclamaciones y perdí mi boleto de cartón. Durante la noche, por el ventanuco sin vidrio entraba una lluvia de polvo del desierto, bañándome. Escuché que en una estación no paraba o ya había arrancado y una mujer “se tiró del carro”, rodando por el andén.
Llegando a Bahía Blanca a la mañana en vez de a la nochecita anterior, pasó otro guarda retirando boletos. Me hizo uno Aguará-Constitución. En Bahía, pregunté a un operario si iban a poner otro coche (como a la ida). “No. No hay, coche”.
Se suponía que debería llegar a las 9:00 a Constitución. Yo iría a mi casa, me bañaría, comería bien, dormiría la siesta y a la tarde saldría de vuelta. Pero llegó a la tarde, me fui a las apuradas al subte, llegué a mi casa, tiré la ropa sucia, manoteé ropa limpia, me puse un pedazo de queso en la boca y salí a las disparadas, no a tomar el colectivo sino a caminar a Caballito, a paso veloz. Descartaría incluso ir a Luján, pues quería sentarme de entrada, así que fui a Haedo, la primera parada de todos los trenes de larga distancia.
¡Bien, boleto de cartón, y con asiento! Supongo que el nuevo ramal que transitamos fue el que se desprende de Bragado (el que salía de Once a las 18:35 llegaba al mismo sitio pero por el ramal de Suipacha), hasta General Viamonte (estación Los Toldos), tomando ahí el ramal a Bayaucá, que todos decían “Bayauca”, y de Lincoln el ramal por General Pinto, el puente del Mitre y finalmente General Villegas, donde terminaba el de las 18:35, pero éste seguía a La Pampa.
Apenas clareaba. Encontré un hospedaje pero había que ir a preguntar más tarde. Salió el Sol. Seguí la vía buscando el puente o el cruce con el FC Belgrano (CGBA), sin hallarlo (estaba desorientado), y me senté en el riel a comer una naranja. Por mí mismo llegué al fin a la vista de la estación belgraniana, punta de riel de ese ramal, convertida en casa, alambrada, dividida. Pude pasar a ver el cartel, pero el edificio quedaba en otro terreno, separado por alambrada.
Dormité sentado al lado del hospedaje, esperando que se hiciera la hora de pedir pieza. Había estado toda la noche despierto, mirando las estaciones, después de apenas mal dormir la noche anterior desde Patagones a Bahía Blanca. No había nada que hacer hasta la tarde siguiente. Dormí la siesta y me bañé; el agua era salada. Por eso en Rivadavia (menos salada), la de la estación tenía gusto a moco.
Las últimas horas antes del tren, el día 27, las pasé leyendo tendido en la plataforma de un tolva. A la noche habré llegado a Once o Haedo, para gastar menos.
El 28 fui a Quilmes por un asunto de encargarle fotos ferroviarias a un fotógrafo, “el Charly”. A la tarde decidí tomar el San Martín a Vedia, y por el asunto de gastar chirolas menos lo haría vía Mercedes con el Sarmiento.
Yo pretendo respetar especialmente a los ferroviarios a causa de mi amor por el ferrocarril. Pero los ferroviarios son personas, y así como hay personas idiotas, hay ferroviarios idiotas. Fui a Caballito y saqué boleto a Mercedes. En Moreno, el parlante avisó que el tren a Mercedes estaba cancelado, y que había que ir a la oficina para cambiar el boleto por el del rápido. Fui, y mientras uno de los empleados se dedicaba a eso, le dije que tenía que ir a Mercedes para tomar el San Martín...
-Ésas no son combinaciones, sino coincidencias –me dijo con tono sentencioso.
Otro empleado, enjuto, de anteojos oscuros y aspecto de comprensión limitada, me dijo que tenía que ir a boletería a cambiar el boleto y pagar la diferencia (los otros pasajeros no tenían que pagarla no sé por qué).
Le dije que quería saber si el rápido llegaba a Mercedes a tiempo para tomar el otro.
-Ésas no son combinaciones, sino coincidencias –volvió a sentenciar el primero.
-Vaya a sacar la diferencia.
-¿Me puede decir a qué hora llega a Mercedes? –le pregunté, señalando la tabla de horarios, que tenía al lado suyo.
-Vaya a sacar la diferencia.
Y como tonto yo también fui a cambiar el boleto por uno de clase turista y pagar la diferencia. Fui al andén de salida de los locales, donde había uno estacionado. Allí estaba el magro pocas luces.
-¿Éste es el rápido?
-¡No puede tomar el rápido! ¡Tiene que sacar la diferencia!
-¡Ya saqué la diferencia! –exclamé casi exasperado, sacando el boleto del bolsillo y mostrándoselo, como una cruz a un vampiro. Entonces me dijo que el rápido iba a llegar por el otro andén.
Parado en el acceso, el rápido pasó como flecha ante las estaciones locales. Debe haber parado en Luján, también. Bajé en Mercedes y pasé a la solitaria Mercedes P. Entré en la oficina.
-¿El de Junín ya pasó?
-Sí.
En un estado de ánimo indefinido caminé hasta la estación del Belgrano, pasé por el andén, de visita, y regresé al Sarmiento, para el triste regreso a Moreno-Caballito. Qué iba a ir a decir “Por su culpa perdí el tren”. A ver si todavía llamaban a la cana.
Al día siguiente lo intenté de nuevo, con suerte. Más allá de Junín, ERA DESCONOCIDO. Por la medianoche o poco antes bajé en Vedia. Pregunté en la estación cómo llegar a la del Belgrano. Siguiendo las indicaciones, caminé por la vía, iluminada por las estrellas, y en el cruce agarré el camino, entrando en el terreno de la ex CGBA, donde estaba la punta de riel de ese ramal, desprendido de Pergamino. Pretendía pasar la noche en algún banco que tuviera en el andén, pero estaba convertida en vivienda (o era la vivienda del jefe de estación más bien). Tuve un breve diálogo a través de la ventana con mosquitero, con el jefe, le pregunté si era la estación del Belgrano y dónde estaba Fortín Acha (creo que me dijo a cinco leguas). Ya no me acuerdo qué pretendía yo al ir a joder gente de noche, pero me fui a tirar al banco del San Martín, luego de recorrer el centro, que estaba animado, para mi sorpresa; creía que los provincianos se iban a dormir temprano.
Pasaban los rápidos a una velocidad monstruosa. Al volver a Mercedes tomé el tiempo mientras miraba los postes de kilometraje. ¡150 km/h! ¿Me habría equivocado? Medí de nuevo; sí, era correcto. Superaba los 120 del de Mar del Plata. Llegando a Mercedes, otra vez me sobresaltó ver una estación llamada Mercedes antes de que apareciera Mercedes P. Allí había un misterio.
Al día siguiente, 31 de enero, se cumplió un año de mi primer viaje de larga distancia en el San Martín, de José C. Paz a Chacabuco.
Gabriel Ferreyra
El "Ferroviador" Azul

domingo, 13 de septiembre de 2020

2) Fotos EE.UU.

 California I

Amtrak. Los Angeles Union Station. 30 de noviembre 2013
Metrolink. Los Angeles Union Station. 30 de noviembre 2013
Metrolink. Los Angeles Union Station. 30 de noviembre 2013
Metrolink. Los Angeles Union Station. 30 de noviembre 2013
Metrolink. Los Angeles Union Station. 30 de noviembre 2013
Metrolink. Los Angeles Union Station. 30 de noviembre 2013
Metrolink. Los Angeles Union Station. 27 de noviembre 2013
Metrolink. Los Angeles Union Station. 27 de noviembre 2013
Metrolink. Los Angeles Union Station. 27 de noviembre 2013
Metrolink. Los Angeles Union Station. 27 de noviembre 2013
Metrolink. Los Angeles Union Station. 27 de noviembre 2013
Metrolink. Los Angeles Union Station. 27 de noviembre 2013
Metrolink. Los Angeles Union Station. 27 de noviembre 2013
Metrolink. Los Angeles Union Station. 30 de noviembre 2013
Metrolink. Los Angeles Union Station. 30 de noviembre 2013
Metrolink. Los Angeles Union Station. 30 de noviembre 2013
Metrolink. Los Angeles Union Station. 30 de noviembre 2013

Otros Logros en la Sección Local

Era hora ya de completar recorridos en las líneas locales.
El 19 de agosto fui, a la estación Buenos Aires, del FC Belgrano (ex CGBA), para un viaje completo hasta González Catán. El tranco era diferente a otros, un rápido ¡táratatara tataratatara! Fui a ver la vía que se desprendía a La Plata, oxidada y flanqueada por casillas villeras. A la vuelta bajé en Laferrere y después seguí directo a Sáenz, para tomar colectivo a mi casa.
Al día siguiente, para completar la dupla, fui a Puente Alsina (ex FC Midland), haciendo el recorrido íntegro a Marinos del Crucero General Belgrano. La zona era insegura, por decir algo, y antes de salir pasó el joven guarda por los coches (que yo llamaba “far west”) diciendo “Hay que defenderse como se puede”. Por suerte no pasó nada, y para la vuelta bajé en Aldo Bonzi y fui a pie hasta el nudo compuesto por Castello (CGBA), Apeadero Km 12 (Midland) y Agustín de Elía (Sarmiento), cerca del Mercado Central, transitando cada una de estas tres paradas. Continué camino a la estación Tapiales (CGBA), de ahí a Tablada (Sarmiento) y finalmente a Marinos del Fournier (CGBA), donde tomé el tren de regreso a Sáenz.
En la tarde del 1º de septiembre fui a combinar a Villa Ballester para ir a Ingeniero Maschwitz, con la idea de caminar por la vía del ramal a Dique Luján. Pero el periplo se me hizo largo, el ramal se metía en un campo privado apenas empezar y la tarde moría. No había sido tan fácil como pensaba.
Esperando el tren de la vuelta, vi venir uno que iba tal vez a Rosario. ¡Qué maravilla, qué imagen mítica, sublime, mitológica, poderosa! La GT22 blanquiazul con franja roja, sus luces encendidas, aproximándose como un monstruo amado en medio de la neblina crepuscular, creciendo el sonido del motor, productor de éxtasis. Y su paso como una exhalación, la franja luminosa de las ventanillas de los pullman, y el extremo del tren alejándose rápidamente.
El día 8 fui con mi hermanito a Ranelagh vía Quilmes, recorrido que me faltaba. Pusimos llaves en la vía para que la locomotora las aplastara y caminamos por la vía hasta Carlos Tomás Sourigues, donde había un perro grande descabezado en medio de los rieles. Ya no recuerdo si volvimos a Ranelagh también a pie y con el tren bajamos en Berazategui, o si tomamos un colectivo a Berazategui para alcanzar el tren de retorno a Constitución.
Al día siguiente fui a Carupá y bajé a conocer las ex estaciones del Bajo, Canal San Fernando, Punta Chica y San Isidro R, remontando a San Isidro C para la vuelta.
El 15 hice lo propio con Anchorena y Las Barrancas, supongo que yendo desde La Lucila y remontando a Acassuso (en esa época consignaba los lugares nuevos a que iba, no los repetidos).
El 23 fui por un tema personal a Laferrere (se entiende, en tren), y a la vuelta bajé en Castello, descendí la escalera a Km 12 y tomé el ex Midland a Libertad, que era donde originalmente terminaba el servicio antes de extenderse a Marinos del Crucero General Belgrano. ¡Y en la época dorada tenía trenes a Carhué! Tras “haber estado” allí, regresé a Km 12, subí a Castello y abordé tren a Marinos del Fournier, pues se me dio por caminar de aquí a la siguiente, Villa Madero, donde proseguí a Sáenz.
El 29 fui a Villa Ballester para combinar a Zárate y tomar el rápido a Ramallo, única cabecera de partido que me faltaba del ramal. Pero cancelaron el combinante, y pasó el rápido. Ya tenía el boleto ida y vuelta a Zárate (y por eso no lo podía devolver en Ballester; de haber sido de ida solo, sí). Así que me resigné a ir a Zárate por cuarta vez (o como digo yo, Zárate 4). Sin otra cosa que hacer, anduve cerca de la costa, encontré el terraplén que venía de la estación del Urquiza y lo seguí. Ahí estaba el gigantesco puente: ¿por dónde iba el tren para subir ahí?
Fui yo quien subió al puente, y lo cruzó a la Isla Talavera. Temible experiencia, viendo el agua del Paraná allá abajo y a lo lejos, el puente que se sacudía con el paso de los camiones (y creo que tiene tres kilómetros de largo). Anduve un poco por la isla y volví por la senda contraria, junto a la vía del Urquiza. ¿Pero cómo demonios hacía para llegar ahí desde la estación?
Nuevamente en tierra firme, llegué a un cruce de calle por sobre la trinchera de la vía. Pasó un tren rumbo a la Mesopotamia. Encontré cómo bajar a la vía y llegué a la estación, totalmente desconocida. ¡No figuraba en la Filcar! (Actualmente sí.) Totalmente modernoide, sin clase. Ahí estaban los horarios de los trenes del Urquiza. Y ya había visto desde el puente que la vía que venía de la estación original se multiplicaba llegando a la costa, con una casilla al lado. Era el antiguo embarcadero, antes de que se construyera el puente Zárate-Brazo Largo.
Salí de allí, y tras muchas cuadras llegué a la estación que conocía de antes. Ahora me explicaba por qué no tenía horarios exhibidos y parecía cerrada. ¡Porque estaba cerrada!
Y al Mitre para el regreso.
El 14 de octubre fue el Gran Día: ¡primer viaje de larga distancia con el querido Belgranito! Por mi cuenta, quiero decir.
El asunto era algo complicado. No se podía ir con él a ninguna cabecera de partido, no quedaban trenes nocturnos (como todavía figuraban en cartelera en Boulogne la primera vez que estuve allí), sino diurnos, y los que iban a Córdoba no paraban en las mismas estaciones que los que iban al Chaco, y para ir y volver el mismo día había que ir con el cordobés y volver con el chaqueño o viceversa. Por suerte, había una única estación en que paraban los dos: Santa Lucía (creo que yo quería ir a la más lejana estación bonaerense).
A sacar boleto (SEREP) y pasar al andén a esperar, mientras leía creo que el Nº14 de Tren Rodante, el primero que compré. Creo que todavía había boleto de andén en aquella época, y también en el Mitre, y no se me ocurría la idea de comprar uno y no usarlo (lo rompían a la entrada del andén y lo tiraban al suelo); sino, los habría adquirido para tenerlos de muestra. No sé si era tonto o qué.
Cuando se pudo subir, fui al último coche, para mirar por la ventana de la puerta de atrás, como había hecho por el ventanal del Horrible la vez de Salto. Pero era el que iba a La Paz (Bolivia), y el guarda hizo salir a los que estaban y lo cerró, una vez en marcha.
Pasaron las estaciones del local, y otra vez paró en Villa Rosa, por causas para mí desconocidas. Más allá, ERA DESCONOCIDO.
No llegué a ver bien Almirante Irízar, y tal vez se me pasó Carlos Lemee. Creo que no paró en ninguna; Arroyo de la Cruz, Chenaut, Gobernador Andonaegui, Villa Lía, Santa Coloma, Ireneo Portela, Ingeniero Moneta. Pequeñas poblaciones o estaciones aisladas. En Doyle paró a pedido de alguien, y la siguiente fue Santa Lucía.
Di unas vueltas y luego agarré la vía para llegar a Doyle (6 km), no recuerdo si para después volver o esperar tomar el tren allí. Pero por el camino me tentó un charco formado bajo un puentecito ferrovial y me metí al agua, y así se me fue el tiempo. Así que tuve que regresar a la estación y aguardar al tren mientras seguía leyendo Tren Rodante.
Pasó el guarda demandando “¡Los boletos de Santa Lucía!”, pero yo no dije nada, por temor a que me lo robara. Sería el único boleto de cartón de larga distancia del Belgrano que tendría jamás.
Y así como el de Rosario paraba en Miguelete, éste paró en Del Valle.
Al día siguiente a la tarde fui a “cobrarme una deuda”: tomé el tren en Chacarita a San Miguel, pasé a General Sarmiento y saqué boleto para el Urquiza. Largo andén, con un montón de gente esperando. No lo tomé en Lacroze para evitar el SEREP. Viajé parado. El guarda me quiso retener el boleto.
-¿Me lo puede dejar?
-¿Para qué? –me preguntó casi al borde de golpearme.
-Lo necesito. Para mi trabajo.
Se quejó diciendo que tenía que presentarlo para justificar la parada (ja ja, como si no bajara ni subiera nadie), que me lo dejaba pero que la próxima vez pidiera un comprobante.
Y pasaron Pilar y Fátima, agarramos el ramal y no vi más nada, me parece, hasta que bajé donde decía el boleto, Zárate N. Y ciertamente, no habíamos pasado por la estación vieja.
Derechito al Mitre a volver a casa.
Otras veces intenté combinar en Zárate para Ramallo, pero siempre cancelaban el combinado de la misma hora. Harto al fin, me resigné a sacar SEREP en Retiro.
Lo hice el 27 de octubre. Había llovido y seguía nublado. Cuando estuve allí, descubrí que no era Ramallo sino Villa Ramallo, a 9 km de la ciudad. No tenía tiempo de ir, porque perdería el tren, con el cual bajé en Zárate para agarrar el local.
El 18 de noviembre fui a conocer el Premetro. Hice el recorrido completo, que continuó en caminata hasta La Tablada, donde tomé el tren a Haedo para Caballito.
El 1º de diciembre hice otro hito local. Saqué boleto de Constitución a Río Santiago. Había que bajarse en La Plata y tomar el Horrible, servicio que ya no existe. Volví con el mismo tren minutos después; no había boletería habilitada en Río Santiago, y el jefe de estación me indicó sacar a bordo del tren.
De nuevo en La Plata, caminé hasta Los Hornos, donde tomé la vía del Belgrano (ex Provincial), intentando (sin éxito) encontrar las estaciones que figuraban en la vieja Filcar (en la actual ya no están): Los Hornos, Gobernador L. García, Gobernador E. Arana, Ingeniero Arístides Villanueva, Lisandro Olmos (en la ruta incluso había un cartel indicando la dirección a la estación L. Olmos) y A. F. Orma. Había que deducir o adivinar dónde habían estado (habrían sido simples apeaderos). Por suerte la estación Ángel Etcheverry seguí ahí. La vía doblaba hacia González Catán, y había un cartel de la CGBA que prohibía andar por la vía.
No recuerdo si ya en esa ocasión pretendí seguir la vía del Provincial, que más allá de la curva de la CGBA estaba cubierta de pasto, hasta la ruta, donde los rieles estaban tapados por el asfalto, un duro golpe para mí. Según la Filcar, allá enfrente tenía que estar la estación Ing. R. Moreno (y luego Antonio Sáenz), pero sólo había una alambrada y el campo con tierra removida y caballos más a lo lejos. No entendía nada.
Volví a la estación para tomar colectivo a La Plata y el tren de regreso.
Una semana después, el 8, fui a Ringuelet. Pasé al “andén de atrás” y me puse a recorrer la vía del abandonado ramal. Pasé por las estaciones José Hernández, Melchor Romero y Abasto, y antes de la ruta descubrí el desconocido apeadero Kilómetro 65,526. Fui al terraplén de la CGBA para llegar a la estación Etcheverry; ¡el cartel de la CGBA de la semana pasada ya no estaba más! ¡Si lo hubiera sabido me lo habría llevado!
No recuerdo si volví en colectivo o caminando por el Belgrano, tal vez esto, porque pasé por su estación platense, ni si con el tren o a pie estuve primero en la estación Tolosa, previo a regresar a Constitución.
El 15 fui a Marcos Paz para buscar la estación Elías Romero, del ex Midland; llegué a la vía, pero no sabía hacia dónde quedaba la estación. Creí determinar que en cierto sitio había estado ubicada, y ya desaparecida, mientras el Sol me pegaba con todo. Volví.
El 24 fue ocasión para otro viaje en el Sarmiento. Para no agarrar otra vez el tren lleno en Mercedes, fui a Luján, a tentar suerte. No me fue mucho mejor.
Al día siguiente llegué a Rivadavia (estación América), otro sitio carente de particularidades donde luego de alguna vuelta iba a tener que esperar a la noche a que regresara el tren. Cuando se me acabó el agua, ocurrió que por ser Navidad estaban todos los negocios cerrados, salvo un kiosco que no vendía agua mineral. Llené la botella en la canilla de la estación; tenía un gusto como a moco, que iba cambiando a otro más fuerte y desagradable a medida que pasaba el tiempo.
A la mañana bajé en Luján, y en la municipalidad pregunté la ubicación de la estación Basílica. Tal cosa ya no existía, y me dijeron dónde había estado. Fui, estuve en el lugar, ya un baldío y con señales de que iban a construir algo, y bordeé la ex zona de vía, ocupada por viviendas de aspecto relativamente reciente.
Y a casa vía Moreno-Caballito.
Gabriel Ferreyra
El "Ferroviador" Azul